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ansiosos de enriquecimiento: los piratas.
Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que la realidad era muy distinta a lo que habían imaginado, no les resultaría tan fácil conseguir oro y plata, y sólo el hecho de navegar en esa época era todo un riesgo.
Los peligros del mar
La vida en el mar era muy dura, la muerte acechaba en cada rincón de la embarcación, además, la comida y el agua eran escasas. Para remediar su pésima situación, se dedicaban a vagar por los mares y asaltar otras embarcaciones, pero en ningún momento obligaban a sus cautivos a pasear por una larga tabla antes de caer al mar, sino que arrasaban con todo lo que encontraban a su paso, matando a la tripulación y arrojando sus cuerpos sin vida por la borda.
Desgraciadamente para ellos, los botines que encontraban distaban mucho de los enormes cofres de oro que aparecen en la literatura,y la mayoría de las veces las embarcaciones con que se topaban eran pequeñas e iban cargadas con un par de cañones y, tal vez con suerte, con algo de algodón, tabaco y arroz.
Avistar un barco enemigo era para la tripulación como si un rayo de luz atravesara sus oscuras y míseras vidas. Además de las armas que pudiera haber a bordo, la posibilidad de que encontrar alimentos en el navío era un estímulo muy activo para los temibles piratas.
La violencia terrible con la que los piratas atacaban al enemigo era una muestra de su furia y sus ansias de conquista. Lejos de esos hombres misericordiosos de la ficción, los piratas de aquellos años no presumían de compasión, sino que eran sanguinarios y no dudaban ni un momento a la hora de eliminar al adversario.
De ahí la leyenda
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