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Personajes valientes y aventureros, amantes de los mares, siempre enfrentando al poder y buscando tesoros escondidos, se convirtieron en una leyenda.
Filibusteros, saqueadores, corsos, raqueros, bucaneros, corsarios, pechelingues... Muchas son las denominaciones que recibe el pirata, dueño y señor de los mares.
Pero las sociedades modernas, ¿cuánto saben de verdad sobre ellos? La imagen típica que todo el mundo tiene de un personaje como este ha sido dibujada por las películas, la literatura y las historias contadas de generación en generación, un retrato cercano al mito que en nada se asemeja a la realidad.
Piratas del Caribe, La isla de las cabezas cortadas, Peter Pan, La isla del tesoro... Estas versiones con pirtas como protagonistas han ensalzado a ese hombre avezado, de espíritu libre, amante del ron y de las mujeres, y rodeado siempre de buenos botines y cofres llenos de oro, joyas y piedras preciosas.
Sin embargo, los corsarios de los siglos XVII y XVIII, dueños de los mares y temidos por todo el mundo, eran hombres valientes, sí, pero la mayoría de ellos se dedicaban a ese tipo de vida porque no tenían otra alternativa.
Así lo explica el libro La vida de los piratas (Editorial Crítica), publicado recientemente en España, una recopilación de artículos, curiosidades, cartas y dibujos originales que muestran la imagen real de estos hombres, muy alejada de la del héroe romántico de la ficción.
El mundo de la piratería tiene sus orígenes hace más de 500 años, cuando las dificultades de la vida en Europa provocaron que muchos europeos, deslumbrados por las riquezas de la recién descubierta América, decidieran emprender un arduo viaje a tierras lejanas, cruzar el océano Atlántico y disfrutar de la fortuna del nuevo continente.
Entre ellos, acudieron hombres aventureros y sin escrúpulos, crueles, sin ley,
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