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La Lila Downs de hoy se mueve en una marea de sentimientos. Está, por un lado, el orgullo de pasarse al bando de los artistas independientes; por otro, la emoción de haber grabado un concierto en París y de hacer un dueto con Chavela Vargas, y la alegría de estrenarse como madre, pero también, el desasosiego que le produce la desigualdad migrante y la violencia en su tierra.
Ese panorama transforma a un artista, y es por esto que su próximo concierto en Bogotá, el 31 de agosto, augura ser diferente a los que ha dado antes en Colombia.
A la casa de Lila y su esposo, Pablo Cohen -quien dirige su grupo La Misteriosa- llegó en julio pasado una nueva razón para cantar: su hijo Benito Dxuladi, por el que le agradece a la virgen de Juquila. En el 2008, la cantante se enteró que no podía tener hijos, lo que estuvo cerca de someterla a una depresión profunda. Pero desde entonces, se decidió a emprender un proceso de adopción.
"Creo que mi hijito me ha inspirado bastante para componer sobre temas diferentes que quería hacer hace mucho tiempo, antes no había tenido ese momento de inspiración tan grande, así que estoy muy contenta", cuenta.
La historia fue seguida paso a paso por sus fanáticos a través de Facebook y Twitter, en donde le enviaban mensajes de ánimo, y fue allí mismo donde se dieron a conocer las primeras fotos del bebé.
"(Los fanáticos) han seguido un poco la historia, que fue dolorosa en un momento y luego ya buscamos encontrarnos con este pequeño y estamos felices", afirma.
La presencia de Benito la ha conducido a involucrarse aún más en las causas sociales que le brindarán un mundo
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