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Ojalá disponga de otro día (o mejor dos) para hacer una extensión a la región de los lagos. En mayo pasado un evento de moda me llevó a Milán (Italia). Y debo confesar que me sorprendí al descubrirla. Me esperaba una ciudad muy industrial, pues es la meca de grandes empresas italianas y europeas. Encontré una metrópoli plena de vida, de eventos, de arquitectura, de historia y una de las mejores, si no la mejor, vitrina de diseño y moda del mundo.
Tuve suerte. Apenas entraba el verano, así que goce de días frescos, ideales para recorrer a pie el centro de esta metrópoli. Todo un placer. Así que si va por Italia vale la pena que se detenga dos días allí (o muchos más) y que se deje llevar por sus calles plenas de cultura y de lugares que atraen con su magia, con sus sabores o son sus leyendas.
Milán es para caminarla con calma, para sentarse en cualquier banca o escalinata y ver pasar a su gente que, como en la mayoría de las ciudades italianas, es tremendamente atractiva y elegante. Y lo mejor es que los italianos lo saben...
El ayer
Vale la pena levantarse temprano para aprovechar a plenitud el día. Al centro. Siempre hay que ir primero al centro. Y lo encontrará fácilmente por su gigantesco Duomo, símbolo y orgullo milanés. Es una gigantesca catedral que demandó cinco siglos de construcción, desde 1396, y muchas intervenciones y estilos.
Se encumbra como la tercera iglesia más grande del mundo, luego de la de San Pedro y la de Sevilla. Primero, no olvide una mirada desde afuera para sentir su imponencia y el dominio de esta sobre la gran piazza, para apreciar algunas de las 3.500 estatuas que la adornan; luego es clave
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