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“Siempre es imposible, hasta que sucede”. Parafraseando la expresión de Nelson Mandela con la que Crisitiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención para el Cambio Climático, abrió la COP17 en el corazón de Durban, Sudáfrica, apareció como una frase premonitoria. Cuando parecía imposible, sucedió.
Y es que la decimoséptima edición de la Conferencia de las partes cierra in extremis con acuerdos, tras un día de retraso.
Tras 14 días de intensas negociaciones y cuando todo parecía perdido, a las ocho de la mañana del día siguiente al que debió haber terminado la COP , los 190 acordaron una “hoja de ruta” propuesta por Europa, para tomar decisiones en un futuro. Esta incluye un calendario para ir a un acuerdo global en 2015, que reduzca emisiones de gas de efecto inverna dero.
La expectativa creció incluso a lo largo de la primera semana, cuando los negociadores aplicaban la máxima de solventar la mayor cantidad de acuerdos, para dejar ya poco que negociar a sus respectivos ministros.
A pesar de que en el inicio del segmento de alto nivel el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió no sobredimensionar las expectativas, los ánimos no decayeron.
Al contrario. La expectativa creció. Al abrir el segmento de alto nivel, Figueres y la canciller sudafricana, Maite Nkoana-Mashabane, quien tiene la presidencia de la COP en este momento, presentaron la iniciativa “Momentum for Change”.
Una serie de inspiradoras historias de exitosos proyectos verdes financiados por la Fundación Bill y Melinda Gates que cumplían un doble propósito: motivar a los delegados y mostrar que la sinergia pública y privada no sólo es posible, sino deseable.
La iniciativa arrancó el más sonoro aplauso que conoció la COP 17. El optimismo creció.
Los ímpetus comenzaron a
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